jueves, 6 de julio de 2017

Salmedina, Veracruz

Zarpamos de la Marina del Estero un brillante y despejado día de verano; la brisa marina presagiaba un primer encuentro espectacular con esta minúscula isla de la memorable Heroica Veracruz.  El yate se abre paso en medio de un embravecido pero deslumbrante mar Atlántico y sus inmensas olas golpeaban mi rostro salpicando mi cuerpo, causando sonrisas tímidas a mi alrededor. Cuánto disfruto de estos momentos perfectos que intrépidos me interceptan en este inusual viaje ligero.
No tardamos en divisar a lo lejos la Isla Salmedina, un trozo de arena blanca que aún sobrevive en el inmenso Golfo de México. Adorable pedazo de tierra y abundante color turquesa a su alrededor; nos diste alegría y plenitud esa tarde de matices; nadamos hasta su grácil orilla llevando con nosotros viandas del mar que saciaron y deleitaron sutilmente nuestros sentidos. Conversaciones e historias amenas se tornan cada vez más presentes y me inducen a tomar nota y conspirar con este corto relato. De todas maneras creo que es mi único deleite escribir sobre estos lugares y estas percepciones que solamente se sienten cuando pisas lugares tan simbólicos y únicos como lo es este espacio del inigualable mar caribe.  Una tarde y un recorrido para traerlos a mi memoria una y otra vez.
"Escribe sobre lo que ves para que otros puedan viajar contigo." Anónimo
















martes, 20 de junio de 2017

Teotihuacán en Globo, México

El alba presagiaba un viaje y un recorrido sin precedentes.  La ciudad insomne y lúcida chispeaba luces incandescentes que tintineantes postergaban con fervor la irremediable llegada del nuevo día; el imponente monumento del Ángel de la Independencia era nuestro testigo, su presencia nos emocionó e inyectó ímpetu para detener el sueño que brutalmente nos invadía, impulsándonos rápidamente hacia la microbús que nos llevaría a nuestro destino. 50 minutos y 48 kms nos separaban del viaje que con tantas ansias habíamos esperado por largo tiempo. 
La brisa helada del albor nos sorprendió irremediablemente con estremecimientos vertiginosos imposibles de detener; sin embargo, en radical contraste el paisaje en el horizonte irradiaba tonalidades naranja y terracota; todo a mi alrededor inspiraba impresionismo Van Gogh haciendo vibrar mis entrañas y evocando sensaciones de placer de la cabeza a los pies.  Qué fuerza tan potente percibo en todas y cada una de las expresiones de la naturaleza ahí reflejadas, ellas me indican estar a punto de presenciar en las alturas, un momento perfecto.
Inesperadamente ante nuestra atónita presencia se levantan plétora de  globos multicolores; a lo lejos se ven solemnes y monumentales cuando en cercanía. Mis emociones van en ascenso al entrelazarse con energías presentes a punto de presenciar, al unísono, los vestigios de una civilización que aunque extinta,  prevalece viva y latente... en pocos minutos comprenderíamos todo su esplendor. 
Este relato dista mucho de mencionar datos históricos sobre Teotihuacán, eso quedará para una próxima entrada al blog. Este apólogo tiene como fin transmitir sensaciones únicas de libertad y regocijo al surcar el cielo rebasando las colosales Pirámides del Sol y de la Luna, sin olvidar el majestuoso Templo de Quetzalcoatl o de la Serpiente Emplumada. Ahí arriba el tiempo se detiene, todo lo irrelevante y vano de esta vida se olvida, la respiración se detiene por segundos y es en ese instante cuando nuestro cuerpo, alma y espíritu, se elevan a la divinidad de Dios.
Contarlo es una cosa, vivirlo es otra. Es por esto que les insto a tomar su mochila y experimentar las sensaciones de un viaje ligero en las alturas, muy cerca del sol, de las nubes, del viento y de civilizaciones que nos antecedieron por mucho en planos tan elevados que enumerarlos ahora sería totalmente banal e irrelevante.
50 minutos divisando la Ciudad de los Dioses pasaron relativamente rápido, la experiencia es para toda la vida. Un lugar alineado con las estrellas y el sistema solar, de avanzada matemática, geometría y astronomía perdurarán por siempre en mi memoria y quedarán aquí plasmados por la pluma de quien lo vivió.
"El viento nos ha dado la bienvenida con suavidad, el sol nos ha acariciado con sus cálidas manos, hemos volado tan bien y tan alto, que Dios se ha unido a nosotros en nuestra alegría, y nos regresa con suavidad, a los adorables brazos, de nuestra madre tierra. Oración después del vuelo en Globo Aerostático Aventury: Piloteado por Francisco Pantellon,  Teotihuacán, México.



























martes, 16 de mayo de 2017

Ciudad de Guanajuato, México

Todavía guardo en mi memoria el fresco recuerdo de esas sensaciones de sorpresa y emoción al recordar el primer encuentro que tuve con la ciudad de Guanajuato. No son todos los lugares los que nos cautivan de manera inmediata; y mucho menos aquellos que captan nuestra atención y nos dejan perplejos ante su inescrutable belleza y magia. Una metrópoli de origen minero, calles adoquinadas, de insólitas edificaciones pintadas con llamativos colores y colocadas una sobre otra en estrechos callejones; imponentes obras arquitectónicas coloniales y como si esto fuera poco, una localidad que guarda bajo sus entrañas más de 23 magníficos túneles que la comunican hacia el exterior.
La tarde conspiraba a nuestro favor, el desafiante y rojizo sol vespertino se acreditaba, hasta ese momento, el protagonismo estelar de este relato; sin embargo, le suplantó una ciudad que emergió traviesa y vivaz ante nuestros impávidos ojos.  Altísimos muros cubiertos de veraneras, coloridas fachadas y monumentos emblemáticos se levantaban majestuosos a ambos lados de la vía. Los túneles o entradas al interior de la tierra continuaban apareciendo con mágico misticismo cuando de pronto emergimos a la plenitud del día para encontrarnos con más arquitectura y arte colonial; un paseo fugaz por el centro histórico nos ubicó en lo que ciertamente sería un recorrido único por el "Quanashuato" o "lugar de muchos cerros".
Callejuelas empedradas, una exquisita arquitectura neoclásica y barroca en cada esquina, basílicas, oratorios, museos, teatros, así como banderines multicolores colgando de diminutos balcones, dejaban muy en claro que estábamos frente a un antiquísimo pueblo mágico mexicano.
El recorrido debía concentrarse en los puntos vitales así que decidimos transitar ligeramente por el Centro Histórico y encontramos de primera mano el muy conocido "El Insurgente Hotel", la Avenida Benito Juárez  y la Calle Independencia en donde nos detuvimos un segundo para admirar el paisaje de casitas empotradas a lo lejos y una fuente de agua que fueron el marco perfecto para la primera fotografía del día. Súbitamente me encuentro con el primer callejón, (Callejón Cantaritos), espectacular esquina color ocre y verde que me inspira a tomar el segundo retrato; más adelante la Basílica de Guanajuato enclavada frente a la Plaza de la Paz, y punto clave de excelentes alternativas gastronómicas. De noche esta plaza es muy concurrida por la vista que ofrece de la basílica iluminada.  Muy cerquita de la Calle Lascurain aparece imponente la Universidad de Guanajuato, de blancura impecable y múltiples escalinatas.  Más calles de piedra y callejones aparecen a nuestro paso como preludio al encuentro con el hermoso Oratorio de San Felipe de Neri;  muros que engalanan el interior del oratorio hechos de talavera china, valenciana y poblano. Retrocedemos unas cuantas calles para buscar el famoso Museo Casa de Diego Rivera, una hermosa galería que honra la vida de este famoso y controversial artista mexicano. Continuamos nuestro trayecto hasta encontrar el famoso punto de encuentro de foráneos y locales, el "Jardín de la Unión". Rodeado de una amplia gama de restaurantes, de pintores, músicos, y plétora de turistas; éste es un punto imprescindible para detenerse y descansar, comprar algún souvenir y disfrutar de la exquisita gastronomía local. Muy recomendado el restaurante italiano "La Trattoria", bien ubicado en una esquina del Jardín, con pequeños balcones que dan hacia el parque y una carta amplia de exquisitas pastas.  A un costado del Jardín de la Unión, en la Avenida de Sopeña, se encuentra el histórico Teatro Juárez, una impresionante obra arquitectónica que data del Siglo XIX y que debe de visitarse de rigor.
Dejamos que cayera la noche para realizar una "callejoneada". Un recorrido a través de los más famosos callejones acompañados de música de estudiantina, relatos y leyendas para terminar el trayecto en el afamado "Callejón del Beso". Tal parece que hacer esta ruta es un deber de todo turista que visita Guanajuato por vez primera.
La mañana siguiente visitamos el Cerro San Miguel, un mirador de 360 grados que además  ofrece hermosas vistas de la ciudad.  El monumento al Pípila (héroe local) se encuentra en esta colina plagada de historia, de héroes, leyendas y Alhóndigas de las Granaditas. Un funicular ubicado detrás del Teatro Juárez  nos lleva en cuestión de minutos al cerro.
Al cerrar esta narración sobre una de las principales joyas coloniales de México, quisiera destacar que la ciudad de Guanajuato es el principal centro turístico del estado, Patrimonio Cultural de la Humanidad y un verdadero centro histórico, siendo además, en mi opinión, una de las ciudades más limpias y seguras que he tenido el placer de visitar. 
"Aún  hay otras Alhóndigas por incendiar: El Pípila".




























martes, 25 de abril de 2017

La Casa de los Azulejos. Ciudad de México.

Caminando presurosa y con insinuante desenfado de un viaje ligero, me encuentro repentinamente frente a una joya de la arquitectura civil del barroco novohispano.  El lugar que en otrora fuese el Palacio de los Condes del Valle de Orizaba, hoy alberga el restaurante del muy reconocido café Sanborns.  En esta esquina de particular trascendencia histórica, en el mero Centro Histórico de la Ciudad de México, y estratégicamente bien ubicada entre la Avenida 5 de Mayo y la Calle de la Condesa, se encuentra la icónica Casa de los Azulejos. Detenerse es imprescindible y observar los relucientes azulejos poblanos de Talavera un requisito para todo aquel que se deleita y aprecia estos legendarios edificios. Heredada de generación en generación (habiendo sido su primer propietario don Antonio Urrieta de Vergara), este emblemático palacio está inmerso en antiquísima historia que data del siglo XVI y de una miríada de leyendas.  Revestirla por completo con miles de azulejos, surgió del desacuerdo entre padre e hijo, siendo este último el que aparentemente la cubriera de baldosas luego de que su padre le reprochara diciéndole:  "Hijo, tú nunca irás lejos, ni harás Casa de Azulejos".  Se dice también que su cambio se debió al deterioro que sufriera la vivienda, y bajo la orden de la Condesa del Valle de Orizaba, se remodeló el edificio con los tradicionales azulejos que hoy en día adornan su fachada y la hacen única en el mundo. 
Con el correr del tiempo, la Casa de los Azulejos fue gradualmente punto de encuentro de intelectuales; primero durante la era Porfiriana cuando la élite  del momento se reunía aquí y tiempo después como sede del Jockey Club de México; instalándose finalmente diferentes cafés y restaurantes como es el caso del que alberga en la actualidad.
Sin importar cuál sea la verdad detrás de estas leyendas, la belleza deslumbrante y al mismo tiempo acogedora que posee esta edificación, intriga e inspira debido al indiscutible atractivo de que es poseedora; y es que sus miles de azulejos de formas arquetípicas y de tonalidades azules, su indescriptible trabajo de cantera de los balcones y molduras recrean sin pretender alarde excesivo, un ensamble exquisito.
Dentro del lugar, el patio central (muy típico de las edificaciones de ese siglo) le impregna ese toque colonial con su fuente estilo barroco la cual fluye dentro del lugar con sensación rítmica y serena. Un increíble balcón con vista al patio, idílicos espejos, y en un juego de  remembranza a la grandiosidad de un lejano palacio y de reminiscencias esotéricas, aparece majestuoso el mural "Omnisciencia" obra de don José Clemente Orozco.
La Casa de los Azulejos es un lugar único en términos de estilo, es un híbrido que combina exquisitas artesanías mexicanas, el estilo barroco y la arquitectura colonial. Un lugar que aunque fue punto de encuentro de la élite del momento, siempre se habilitó como un espacio abierto de la ciudad para la ciudad.  Este es sin duda alguna, un imperdible si se visita la única Ciudad de México.
"Hijo, tú nunca irás lejos, ni harás Casa de Azulejos".


















sábado, 1 de abril de 2017

8,000 visitas - Coyoacán, Ciudad de México




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Y desde este lugar tan mágico como ancestral celebro las 8,000 visitas al blog. Un camino que continúa sorprendiéndome y un viaje ligero que aún  no acaba.  Espero que muchos se sumen a este andar, escuchando mis historias y recorriendo conmigo ciudades y espacios únicos que me sorprenden cada día. Gracias por leer lo que con tanto amor vivo y escribo. 
"Aquel que quiere vivir feliz, debe viajar ligero". Antoine de Saint-Exupery