jueves, 21 de mayo de 2026

Ana y la Antigua Botica Solera - San José, Costa Rica

 Hoy decidí ir de nuevo en busca de la antigua Botica Solera; la visité por primera vez en el 2019 y había hecho un escrito muy desde la vulnerabilidad de una pieza rota y reconstruida; en esa ocasión llegar a ella fue toda una experiencia de vida y de humildad.

Este centro cultural está ubicado en una de las zonas más frágiles de la ciudad, así que supuse que esta vez no sería la excepción para encontrarme con seres humanos rotos por la vida. Los alrededores del antiguo Cine Líbano me llevaron nuevamente a encontrarme con muchos habitantes de la calle, con una ciudad ruidosa y una zona llena de recovecos sucios, tristes y vulnerables. 

Hola! Le dije. Puedo tomar una fotografía de este arbolito? Claro, me contestó. Yo lo hice. De hecho, yo duermo aquí. Cuál es su nombre? Ana, replicó. Yo soy Rocío. Me sonrió tímida pero amable. Tomé la fotografía y con el corazón partido, continué mi camino. No quise importunarla más.

Emplazada en una esquina, la hermosa Botica Solera se mostró siempre soberbia y al mismo tiempo humilde. Con sus 2 pisos plagada de pequeñas ventanas, esta vez se mostró con nuevas obras de arte y con espacios llenos de detalles antiguos y también modernos. La recorrí con curiosidad para tratar de percibir nuevas sensaciones a mi alrededor; visité la azotea (la primera vez no me dejaron subir) y me pareció un espectáculo de casi 360 grados ya que desde ahí se divisa la hermosa cúpula de la Iglesia de Barrio México, la Cordillera Volcánica Central, el Museo de los Niños y la Iglesia de la Merced.

Quise quedarme más tiempo pero deseaba hacer el  mismo recorrido por las cercanías a lo que se conocía como “el Paso de la Vaca” (entre calles 8 y 10, avenida 11).  Cuál fue mi suerte y sorpresa que este cambio de ruta me permitió encontrarme de nuevo con Ana, quien había cambiado ahora de acera y se encontraba sentada en otro punto de la calle, cavilando en sus propios pensamientos. Adiós Ana! Le dije. Adiós Muñeca. Replicó 
















viernes, 8 de mayo de 2026

Resistir

 Caminaba plácidamente cuando vi, a lo lejos y en un lote baldío, un hermoso buque de flores color fuscia. El color era tal cual mis tenis y mi sweater; no podía creerlo! Me acerqué con cautela porque caminaba por una autopista y regularmente estos lotes son la casa de los habitantes de la calle de la zona. Sin embargo, esto no me detuvo sino que me impulsó aún más a ir en su busca; no podía creer que el vacío de la vida hubiera encontrado su nicho. 

Eran hermosas. - las flores - y no podía quitar de la mente que ellas hubiesen nacido ahí tan espectacularmente bellas…y solas. Tomé mis fotografías y continué con mi caminata. 

No sé por qué me quedó resonando la palabra “resistir”; probablemente pensé en lo que debió costarles nacer y crecer ahí y posiblemente pensé en mí, en mi proceso de viaje. Si algo he tenido yo en la vida es la resilencia y la resistencia.

Luego, la caminata, las flores y mi vida del último tiempo se volvió “político “. Recordé a René de Calle 13 y sus “mandalas” de resistencia, no pude evitar hacer la conexión entre las 3 cosas. Resiste Costa Rica. Resiste democracia.







“Resistir no es solo una postura política, sino un ejercicio profundo de sanación personal, vulnerabilidad y autenticidad frente a la oscuridad emocional y las presiones de la fama.

Según se desprende de su obra personal y reflexiones, especialmente en torno a su canción "René":
  • Resistir es mirar hacia adentro: Es enfrentar los momentos más oscuros, incluyendo pensamientos suicidas y depresiones, y encontrar la fuerza para seguir adelante a través del arte.
  • Resistir es la honestidad brutal: En lugar de mantener una imagen pública inquebrantable, René resiste desnudando su alma, reconociendo sus errores, miedos, fracasos y divorcios.
  • Resistir es la conexión con sus raíces: Volver a la esencia de quién era antes de la fama, recordar su infancia, su familia y su lugar de origen en Puerto Rico como ancla emocional.
  • La música como terapia: La creación artística es su herramienta principal de resistencia. Escribir canciones como "René" fue un proceso de sanación que le permitió superar una crisis profunda.”. Tomado de Google



viernes, 1 de mayo de 2026

La Espera. El Camino. El Destino

 Recuerdo un relato que escribí hace algunos años de cuando visité Puerto Rico y coincidí con la llegada del Huracán Irma.  En la entrada relato lo que observaba en la isla y de todos esos espacios que ella posee, y cómo la espera del huracán impactaba mis emociones y percepción del lugar.

Algo similar sucede al escribir en este momento porque la espera de los últimos 10 años me ha acompañado con múltiples tonalidades, muchas risas y poco llanto, gente diversa y bondadosa y lugares espectaculares que hicieron del camino y del recorrido una experiencia inolvidable. 

“Un viaje ligero.” -  Tres palabras que impregnaron mis textos y mis fotografías a lo largo de más de 20 ciudades y 5 países . No puedo menospreciar ninguna de ellas porque cada una tuvo su participación activa en mi Camino y en mi Historia de vida. En cada una de ellas sentí diferentes emociones -profundas y diversas - como el miedo y la incertidumbre de aquella que llega a vivir a una ciudad  por vez primera y la recorre con el pecho apretado de nostalgia o con curiosidad y admiración de observar tantos y tantos espacios increíbles.  La alegría de encontrar nuevos amigos y amigas, la felicidad de compartir cientos de momentos maravillosos con familia quienes me abrazaron e hicieron de mi estadía un mejor recuerdo.

Caminatas interminables, hojas otoñales, copos de nieve, intrépidas rutas en solitario, lagos, playas y ríos, ciudades interesantes, el globo aerostático, 280 atardeceres desde mi ventana (2017), 2 terremotos, 1 huracán, alrededor de 70 restaurantes, puestos de comida locales y más de 50 murales, graffitis y mucho arte callejero.

El Camino me enseñó a vivir de una manera más deliberada con menos. Me enseñó a desarrollar la intuición, a mirar más, a juzgar menos, a valorar más todo sin excepción y no perder el corazón de niña traviesa. A caminar con la emoción que da la anticipación por encontrar ese lugar que viste o leíste en alguna revista, arrojarte en su búsqueda sin brújula (ni waze)….guau, todavía siento la emoción del recuerdo vivido.

No creo haber llegado al “destino” porque tal vez no hay un destino específico aquí en la tierra. Pero debo de hacer honor al lugar en el que estoy hoy.  Un “detour” que me permitirá tener nuevas experiencias desde un lugar más seguro, cómodo e independiente.