sábado, 14 de abril de 2018

Palacio de Correos, Ciudad de México

Entre la Calle Tacuba 1 y el Eje Central yace un imponente edificio del siglo XX; conocido como Palacio de Correos, Palacio Postal, Correo Mayor y Quinta Casa de Correos, éste es sin duda un edificio emblemático y símbolo de la Ciudad de México.
Declarado Monumento Artístico en 1987, este lugar posee columnas hechas en mármol de Querétaro, ventanillas de herrería de Fondería del Pignone de Florencia y fachada de cantera de Hidalgo; esta edificación construida en 1907 es de estilo ecléctico y contiene innumerables corrientes artísticas. De cuatro niveles clasificados como "art nouveau" el interior es espléndido, señorial y con una hermosa escalinata en la sala principal, mármoles mexicanos y herrería de Florencia; pórticos, gárgolas, farolas y un elegantísimo domo de cristal que adorna el techo central.
La cantera cromática "chiluca" que recubre la portada de la Quinta Casa de Correos y la exuberante marquesina de hierro de la entrada principal son símbolos de la magnificencia del periodo del Porfiriato y contiene características fidedignas de "art noveau". Dentro de este increíble palacio y museo se combinan casi todos los elementos pertenecientes a los estilos del plateresco isabelino, el gótico veneciano, el estilo rococó español, barroco y de "art deco".
Al estar ubicado al costado del Palacio de Bellas Artes y siendo éste un recorrido frecuente de mi ir y venir por el centro histórico, transité muchas veces por las cercanías del Palacio de Correos antes de conocerlo en su interior.  Recuerdo el estupor que me provocó entrar y observar el interior del edificio, estar frente a todas estas maravillas de la arquitectura y el arte fue definitivamente un día de completo arrobamiento y deleite.  Un dato digno de mencionar es que todavía se conserve el método tradicional de correo postal en toda la república.
Tengo que decir que el pueblo mexicano no solamente está orgulloso de su historia y de sus antepasados sino que sabe cómo cuidar y preservar sus construcciones antiguas y joyas arquitectónicas localizadas a lo largo del Centro Histórico y del resto del país.
"La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte." Leonardo Da Vinci














martes, 20 de marzo de 2018

Colombia y México - El Balance Final -

Hacer comparaciones entre ciudades ó países lo considero un poco injusto; pienso que cada lugar tiene su propia belleza y que eso es lo que se debe de resaltar.  Viví 1 año en Bogotá y otro en Ciudad de México, así que tuve la oportunidad de conocer a fondo tanto sus fortalezas como sus debilidades. Más que enfocarme en estos temas creo que transmitiré datos y percepciones de aquello que llamó mi atención y me inspiró a escribir (ya de vuelta en Costa Rica) sobre este balance final. En una ocasión leí que cuando uno ama, lo feo se hace bonito y lo lindo más luminoso; en efecto, adentrarme en cada cultura con el asombro de una niña provoca en mí una profunda curiosidad cada vez que recorro un espacio nuevo.
Como mi filosofía de vida es viajar ligero, tengo a mi favor que disfruto realizar largas caminatas; creo que es una manera fácil, saludable y económica de conocer y encontrar nuevos caminos. Una vez que me instalo en el lugar, indago algunas rutas factibles, pongo toda mi atención en la ruta y después de esto, simplemente sigo mi intuición. Por supuesto que en otras ocasiones el uso de automóvil y autobús han sido un recurso importante para llegar a sitios más lejanos. 
La capital bogotana sobresale con sus guardianes, los picos andinos y con su clima frío (siendo así la mayoría del año) la vestimenta del "rolo" (bogotano) es sin duda los abrigos y bufandas; creo que de igual manera repercute en su personalidad un tanto distante y retraído. Las calles empedradas de La Candelaria atraen constantemente mi atención, esas iglesias antiguas como la de San Francisco ó el muy afamado Santuario Nuestra Señora del Carmen, de estilo gótico, se levantan majestuosas por doquier;  casitas de colores impregnan luz y armonía a mi paso por la ciudad; me inspiran a contar todo lo que percibo, como sucedió una tarde ventosa y soleada en el Parque Usaquén.  Aquellos hermosos ladrillos característicos de casi todas las edificaciones bogotanas, le dan ese toque elegante - un tanto soberbio - y la caracterizan entre muchas otras ciudades latinoamericanas. Donde lo cosmopolita se encuentra con lo colonial; esta ciudad posee plétora de lugares con historia, parques increíbles como el de la 93, restaurantes, cafés y bares muy "trendy" como los que están ubicados en los alrededores a la Zona T. La Catedral de Zipaquirá, Monserrate, Anapoima en La Mesa Cundinamarca, las vistas que ofrece La Calera, son sin duda una de las tantas alternativas al deleite que ofrece Colombia.
Por otro lado, llegar a la Ciudad de México un soleado 7 de marzo y divisar desde las alturas jacarandas de tonalidades azul violeta, fue simplemente subyugante y amor a primera vista. La información previa que poseía era que la contaminación imperaba y que la impresionante cantidad de autos y ciudadanos solamente en la Ciudad de México, le restaban belleza a esta majestuosa ciudad. Cuán lejos de la realidad estaban. Un lugar plagado de historia, de edificios tan antiquísimos como el mismo país, de gente amable y dispuesta a colaborar de inmediato, callecitas empedradas por doquier y plagadas de detalles por descubrir y disfrutar, fueron  fehacientemente la tónica de esta estadía.  Definitivamente si hablamos de la capital, creo que recorrí incansablemente el Centro Histórico y sus alrededores, descubriendo uno y cientos de tesoros escondidos detrás de muros de piedra, iglesias, museos, y edificios comunes en su exterior mas no así en su interior, éste es el caso del Palacio de Comunicaciones ubicado sobre la famosa calle Tacuba, que posee una exquisita estructura metálica, esculturas y ornamentación en piedra alucinantes; nombrar cada uno es prácticamente imposible. Sin embargo, una de las zonas más cautivadoras es Polanco, un área al norte del Parque Chapultepec, que visitaba con frecuencia y cuya caminata daba inicio en el  Paseo de la Reforma - casi 2 horas de trayecto desde Santa Fe-; Polanquito ofrece excelentes opciones gastronómicas en un ambiente relajado y seguro. Así podría continuar mencionando lugares tan exóticos como mágicos como lo son las Pirámides de Teotihuacán y un viaje inolvidable en globo, el acueducto de los Arcos del Sitio en Tepotzotlán, Xochimilco con sus coloridas trajineras, Veracruz y el Parque Arrecifal Veracruzano más grande del Golfo de México, ó Acapulco con el increíble acantilado La Quebrada impresionante con sus 45 metros de altura; y sus más relevantes pueblos mágicos como lo son Guanajuato y San Miguel de Allende, localidades con grandes atributos simbólicos, de leyenda, cotidianidad e historia que emanan magia al dar vuelta en cada esquina.
Definitivamente México deja huellas profundas en mi vida; crecí, aprendí, viví, y conocí múltiples facetas de la cultura mexicana, su gente, su historia y su gastronomía; debería de compararlo con un día de verano lleno de color, luz y sensaciones cálidas. México expresó su singularidad conmigo, nos comunicamos y al final, nos entregamos sin reservas.
Este es sin duda alguna, el balance final de un viaje ligero.

Bogotá - 2016





















MEXICO - 2017



















jueves, 8 de febrero de 2018

San Miguel de Allende, Mexico

Disfruto llegar a una ciudad por primera vez y percibir esas sensaciones únicas que exudan desde diferentes puntos y espacios del lugar.  Con relación a San Miguel de Allende el impacto fue inmediato ya que dimos vuelta de súbito en una esquina cualquiera y nos topamos de frente con  esas calles estrechas adoquinadas y muros altísimos; edificaciones de ocre con historia tan antiquísima como lo es el mismo México.  Esa primera impresión es tan potente que me engancha ó me desliga de manera inmediata. 
De arquitectura colonial, este pueblo mágico es adornado por múltiples fachadas de colores cálidos y subyugantes construcciones antiguas de tonos naranja, rojo y amarillo que se engarzan entre sí y le proporcionan una atmósfera cálida y acogedora a cada espacio a mi alrededor.  Indudablemente su arquitectura colonial se ve reflejada en la mayoría de sus construcciones y esto es también un punto clave a su favor.  Por otro lado, haberla visitado durante las festividades en honor al Día de los Muertos, la impregnó  de mucho color, tradición y emotividad.  
San Miguel de Allende no es un pueblo grande en extensión, - como lo es por ejemplo Guanajuato -, pero posee tanta magia como personalidad que la hacen única e irrepetible. Es por esto que su fama crece con el tiempo y hace que cada foráneo que la visita se identifique no solo con su pueblo -de gente amable y servicial-, sino con su gastronomía ampliamente reconocida en todo el mundo. 
Símbolo de la ciudad y la cereza del pastel es sin duda la Parroquia de San Miguel Arcángel; de fachada de cantera rosa, se puede observar desde cualquier punto del pueblo siendo de noche cuando se ilumina reflejando gran personalidad y una presencia exquisita que le provee el estilo neogótico de su “façade”.
Patrimonio Cultural de la Humanidad, San Miguel de Allende es sin duda un destino que debe de estar en cada lista de "cosas por hacer antes de morir."
La Vida es un Viaje.