Cuenta una antigua leyenda japonesa, que un hilo rojo invisible conecta a aquellas personas que están destinadas a encontrarse. Aunque el hilo se estire, se enrede o se tense… nunca se rompe.
“A la vuelta del reloj del Sol del Centro Nacional de la Cuktura (CENAC), saltan a la vista las nuevas figuras que decoran la fachada sur de la antigua Fábrica Nacional de Licores.
En el centro del mural aparece una mujer tejedora, quien simboliza al pueblo costarricense. De sus manos se desprende un hilo rojo, el cual atraviesa los elementos en tonos grises que reflejan la identidad nacional: la cerámica chorotega, el calipso limonense, el swing criollo, el juego de los diablitos boruca, la cimarrona y el boyero.
Esta hermosa intervención estuvo a cargo de la artista María José Atencio, con su obra “Legado en contrapunto”, la cual rinde homenaje al patrimonio cultural inmaterial del país; exploración de la identidad y la memoria costarricense.”. La Nación, 21 de marzo 2026
Observando este mural me doy cuenta que, al fin y al cabo, el pueblo tico puede ser un constructor de su identidad, enlazando manifestaciones como las que se aprecian en este lienzo a través de un hilo rojo que nunca puede romperse.
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